Mi ausencia no tiene que ser tu desdicha, mientras el olor de mis poros siga mezclándose con el tuyo.
Lo que otros ven una carcel de fino mental que asfixia tu cuello, es en realidad una firme extensión de mi incondicional afecto.
Puedo ser tan dulce, como amargo… en tu mano está.
Tu corazón, atravesado por mi flecha.
Compendio de emociones… devota absoluta…
Fascinante regalo, que los dioses han consentido en entregarme.
Abrázame, como nadie lo ha hecho.
Tu cuerpo es el recipiente, donde proyecto mis perversiones.
Ayer fuiste mi yegua… hoy puede que sea tu corcel.